“Hoy es mi Cumpleaños”

7 de Diciembre del año en curso. Me despierto con una alegría indescriptible. Siento que mi pecho va a estarllar a causa de los acelerados látidos de mi corazón.
Desde mis calurosos aposentos escucho la algarabía de los indefensos mortales por conseguir cualquier material que ya no les sirva: libros rotos, ropa agujereada y todo aquello que para ellos pueda representar el pasado. Todos los desechos materiales y espirituales que puedan explusar de sus vidas será utilizado en mi contra. Que terrible.

Ya es medio día.
Decido salir de mi cómoda butaca para dar un paseo por la Ciudad de la Eterna Primavera, que dejará de ser tan “Eterna” en solo unas cuantas horas.
Observo la figura inocente de un niño y me acerco susurrando:

- Hola Oscarito, te noto triste y nervioso, ¿Qué pasa?

Oscarito siente mi presencia y nerviosamente dice:

- ¿Quién anda allí? ¿Quién me habla?

Tratando de entablar una amistad respondo:

- No te preocupes, no pasa nada… cuentame, ¿Qué te tiene pensando?

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La Mariposa Negra

Un buen porcentaje de guatemaltecos, sean éstos de cualquier condición social, siempre que la necesidad así lo exige, tratándose de aspectos donde media la superstición, ponen cara de pocos amigos y en más de una ocasión, golpean la madera con los nudillos de los dedos, o tratan de disimular la acción, pero siempre con el pensamiento puesto en la supuesta tragedia o mala suerte que se sobrevendrámariposanegra1.
Para muestra un botón: entre los grupos indígenas  donde son más afines a estos procesos, se observa el temor colectivo en cualquier comunidad cuando un ave nocturna canta en determinado sitio o patio de algún rancho, peor aún, si en una de estas casas hay enfermo grave, a pie juntillas se cree en el desenlace fatal del enfermo, como consecuencia del canto que el pájaro de mal agüero dejó allí donde todos lo escucharon.
El viejo proverbio nacional cobra vigencia: “Cuando el Tecolote canta, el indio muere…”.

Es increíble como la exactitud del trágico vaticinio cobra vigencia acrecentando más la fama del mal augurio. Lo anterior es pues, uno de los muchos ejemplos de esta fase de los temas que invaden a nuestros grupos mayoritarios relativos a la superstición. Pero de ese canto raro y triste del Tecolote o Buho, hay otra serie de supersticiones que inciden en la vida de nuestras gentes y que si no se manifiestan en un final seguro de sus existencias, cuando menos -según la creencia- esta se convierte en racha de mala suerte por una temporada. La tendencia a la creencia en la superstición, se generaliza hacia los otros grupos de ladinos, tanto del campo como de la ciudad, donde si no myy se cree en el canto del tecolote, son otros los aspectos que  mantienen el temor constante frente a la superstición. De ellos hay varios ejemplos y tengo uno patético y que me lo ha narrado una honorable persona digna de mucho aprecio y respeto.
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Leyendas de Guatemala: La Llorona

Don Silvestre de Barreneche y Alcántara, como él se hacía llamar, pues su verdadero nombre era Silvestre Barreneche, a secas, era un castellano de ascendencia vasca que llegó a Guatemala hace muchos, pero muchísimos años. No llevaba, cuando lo hizo, más capital que su audacia y una sed de ganar dinero, fuera como fuera, sin límites; cosa que para un hombre de estas condiciones era muy fácil hacerlo en esos tiempos.

Lo primero que hizo don silvestre, al llegar a nuestras tierras, fue irse a Amatitlán. Eran los tiempos en que en ese lugar, con el cultivo de la grana, se ganaba el dinero a montones. Allí trabajó como simple peón en las plantaciones de nopales donde se creaba la cochinilla; pero como no eran éstas sus aspiraciones, después de habar juntado un poco de plata, abandonó el lugar y desapareció por espacio de algún tiempo.

No se vinieron a tener noticias de él, sino hasta que se le vio convertido en dueño de una preciosa finca en el departamento de Santa Rosa. El hecho de ver convertido en terrateniente al que hasta hacía poco tiempo no era más que un simple peón advenedizo, dio lugar a que las gentes bordaran las más extrañas conjeturas. Entre todas las que se bordaron, la que más caracteres de realidad tenía para las buenas gentes de esa época, era la de que don Silvestre había hecho “pacto con el diablo”, vendiéndole su alma a cambio de gozar en la vida de todo el bienestar y las comodidades terrenales. Esta versión circuló por todo el país hasta que llegó a adquirir título de “pura y santa verdad”.

Don Silvestre era un hombre alto, fornido, blanco, de lengua barba y de negros ojos. Toda su belleza física encontraba con su alma satánica. Era el verdadero terror de sus pobres esclavos, a quienes no solo maltrataba físicamente, sino que lo hacía en lo moral, abusando de sus indefensas mujeres e hijas.

¡Don Silvestre era la estampa viva de la lujuria!
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Leyendas de Guatemala: El Cadejo

Comienzo esta serie de Leyendas de Guatemala con el famoso Cadejo, muy conocido en el folklore guatemalteco.

“Mi amigo Juan Luis, el más querido de mis amigos y compañeros de la infancia, y colega mío de correrías en los dorados y desgraciadamente ya idos tiempos en que juntos seguimos nuestros estudios en el Instituto Nacional Central para Varones de Guatemala, hehco ya todo un hombre, como yo, vino a visitarme un día de tantos. Se arrellanó en uno de los amplios sillones Chesterfield que hay en mi sala de escritorio, encendió un cigarrilo “Tigre” y, sin decirme agua va, se le desató la lengua, contándome la siguiente historia:

-Vos debés recordar, sin duda, pues la parranda con que me despediste te costó serios regaños de tu viejo, que allá por el año 1921, tras las múltiples veces que me aplazaron en Algebra, me fui a trabajar a la finca “Heredia”, que tiene tu tío Nacho en el departamento de Santa Rosa.. ¿Te acordás, viejito?

-¡Claro que me acuerdo! ¡Si hasta estuve dos domingos sin dalida por causa tuya…!

-Pues bien; allá me sucedieron hechos tan extraordinarios, que no me he atrevido a contar a nadie, porque vos sabés cómo son de águilas los muchachos para dar coba. Si ahora me atrevo a contártelo a vos, es porque considero que sos persona sincera y “traslas” mío, y como te he dado por escribir, quizás podás sacarle algún partido a esto que te voy a contar.

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